sábado, 26 de noviembre de 2011

Convergencia




Qué emoción cuando se hace el silencio
y ni siquiera nos llega el rumor lejano.
No nos interesa lo ajeno y la memoria,
vengativa e inútil llama,
no tiene espacio en esta ocupación apacible
donde estamos ambos en cada uno.
Asómate a mí,
deletreas tenuemente en mis oídos
mientras nos acercamos a las brasas.
Pero tu voz es fiera y me gusta su zarpazo.
Pero tu aliento empapa y siento su bocanada.
Y yo converjo como un brazo más,
ignorando mi origen y lo arduo de mi viaje,
sobre tu fértil delta de plata.



(Foto. Ignacio del Río)

4 comentarios:

El Joven llamado Cuervo dijo...

maravilloso poema, maravilloso y silencio...

loba dijo...

Cuervo, gracias por percibir su sentido.

pablo fernando dijo...

Belleza de poema , me deja en silencio evocando mi propio mundo y tu profuna sensibilidad.

loba dijo...

Pablo, gracias por compartir aquello que veo que nos sensibiliza. Vuelve cuando gustes.

Saludos.