miércoles, 2 de marzo de 2011

Para dos



Cuando dejé de ser aquel poeta
           Oguzcan
perdí mi lengua perdí
a Beethoven a Debussy
           los ojos de las medusas
extravié mis propias cenizas
que se disolvieron por los Bósforos
de todos los continentes
           y ya no podré volver a soñar en los desiertos
del Taklamakán.
Sólo la memoria secreta de otro ser
            inalterable y secreto
recorre de nuevo el mundo en busca
de los orígenes que habitan en la mujer
            que nunca puede desaparecer.


6 comentarios:

Charcos dijo...

me gusta lo que dices y cómo lo dices ;)

loba dijo...

Y me alegra que te guste, Luisa. Es como me sale.

Inés González dijo...

Muchas gracias por seguir mi blog, gracias a ello llegué al tuyo. Poemas rotundos, llenos de fuerza y belleza.
Un saludo

loba dijo...

Tal vez consigamos a una pequeña escala, Inés, trasladar al poema algo de las propiedades de la naturaleza; la fuerza es más fácil; la belleza, inalcanzable.

Saludos y gracias por pasarte.

Almudena Vega dijo...

"la belleza, inalcanzable"

incertidumbre; belleza

loba dijo...

Tal vez si nos abrimos y somos receptivos la percibimos con más frecuencia y la disfrutamos. No es que sea inalcanzable, es que no se deja aprehender. Pero se nos ofrece, nos toca, nos hiere.

Gracias, Almudena, por comentar.