miércoles, 23 de marzo de 2011

Impaciencia




Embeleso del niño con la carrera impetuosa de las nubes.
               Asombro de un vuelo raso.
Lame el aire imitando un vértigo entusiasta.
               Luego maldice con desdén las obediencias
que le impiden ser nimbo o rayo o fluido
o siquiera una sombra.
               Urgencia de lo otro
y el picor que le azuza por llegar más lejos.
El cielo es imparable y él tan lento.
               Impaciente mirada.
Pregunta al viejo pastor
¿por qué corren tanto?
               No son las nubes, le responde
el  anciano sagaz.
               Son las horas.




(Foto. Fay Godwin)


6 comentarios:

emmagunst dijo...

el tiempo nos corre (es la sensación), pero somos nosotros los que vagamos casi sin rumbo hacia no sabemos dónde, con la certeza de que "el tiempo no para". Deberíamos aprender un poco de la filosofía oriental y, al menos, disfrutar del aquí y el ahora.
Saludos

(creo que no te lo había dicho, me gusta el diseño de la pág., y las fotografías en blanco y negro que elegís!)

Noe Palma dijo...

inmenso...
breve, se lee con el suspiro, y golpea, con el sonido de una bomba...

abrazos

Curiyú dijo...

Ese reloj es una cruz que llevo en la espalda.

loba dijo...

Emma, acaso se trata de "nuestro" tiempo. Una concepción con la que pretendemos determinar el tiempo en general, el del universo, el de otras especies, el de las vidas paralelas. ¿Recuerdas que cuando éramos niños el tiempo parecía ir muy despacio, excesivamente lento y agobiante? Y ahora, todo es veloz, se esfuma, se precipita. ¿Percepciones o la ansiedad por llegar y poseer, no se sabe a dónde ni qué?

Me alegro que compartas el gusto por el diseño, es fuerte y contrastado. Como debe ser la poesía (por ejemplo)

loba dijo...

Uf, Noe, ¿así lo sientes? Pero no pretendo que le explote a nadie, o sí. Las palabras deben saltar y hacer añicos. Si no, ¿para qué sirven?

Gracias, pásate cuando quieras. Un abrazo.

loba dijo...

Curi, yo llevé siempre esa cruz. En mi infancia era muy densa. Y ahora, no es más ligera. ¡Vaya cruz!, dirás.

Un abrazo.