domingo, 7 de noviembre de 2010

La insaciable



Corre, persíguela, la tienes casi a mano.
Ella está ahí desde que los juncos se cimbrean
y dibujan las voces de los hombres.

Tiene mil rostros y mil gargantas y otras tantas traiciones.

Debes saber que es una senda oblicua
que cambia su sentido de improviso y te pone a prueba cada día.
Cuando crees que vas bien orientado se revuelve,
como el viento o el furor de la ira,
enfilando tus pasos hacia un destino impreciso.

No temas si, conducido por su osadía, llegas a lo inesperado
pues no siempre te será dado sujetar los caprichos de la bestia.

Ella no te abandonará jamás aunque se oculte 
revelando a tu ansia nuevos y enigmáticos paisajes.
Insaciable y tenaz y a veces terca, devorará tus entrañas
buscando la sustancia que la nutre,
sin que veas manera de evitarlo.

Está tan dentro de ti que ni en el sueño te desproveerás de ella.
Atravesando tu silencio sorberá cada gota de tu baba.
La palabra no ignora que tú eres alimento,
pero también su espectro.



(Foto. Ikko Narahara)

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